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Dr. Miguel León-Portilla
Extractado del prólogo a la
Bibliografía del Instituto Lingüístico de Verano en México (Volumen I), 1985, México, D.F.

A otro programa de trabajos lingüísticos que, por sus amplias miras, su carácter institucional y sus extraordinarias frutos, recuerda al de los frailes, quiero dedicar especial atención. Se trata de un proyecto que, a lo largo de cincuenta años, ha alcanzado logros excepcionales. La historia del mismo se inició en la década de los años treintas. El lingüista Guillermo Cameron Townsend, que había tenido contacto con el gran educador mexicano Moisés Sáenz, había empezado a trabajar, en forma modesta, entre grupos nahuas de la región de Tetelcingo, en Morelos. En cierta ocasión el presidente Lázaro Cárdenas, en uno de sus recorridos por ese lugar, se encontró con Townsend. Enterado de lo que se proponía el lingüista, le ofreció su apoyo. Poco después estableció Townsend el que se conoció como Instituto Lingüístico de Verano, organismo en el que habrían de participar no sólo investigadores norteamericanos, sino de otros orígenes, incluyendo a mexicanos y sudamericanos.


A cincuenta años de distancia puede hoy valorarse la aportación lingüística de ese Instituto nacido con el apoyo moral del presidente Cárdenas. Como los antiguos frailes, también los integrantes de este nuevo organismo vieron en su obra la realización, paso a paso, de un ideal. Los frailes se habían propuesto difundir su mensaje cristiano y para ello dieron origen a la gran empresa de estudiar y reducir a normas centenares de lenguas. Los modernos lingüistas aunaron al interés de su labor científica el de hacer plenamente asequible en esas y otras lenguas el libro clásico por excelencia de los cristianos. Comenzó así a trabajar el Instituto Lingüístico proponiéndose abarcar la totalidad de los idiomas nativos de México. Años después su interés habría de ampliarse y, con la participación de otros muchos, se dirigió también a las lenguas que se hablan en gran número de países del Nuevo Mundo, Asia, África y Oceanía.


...Como puede verse, en pleno siglo XX, estos lingüistas han vuelto a hacer realidad la empresa de los frailes del XVI, continuándola con nuevas técnicas. Aunque es verdad que los miembros del Instituto Lingüístico de Verano no son misioneros ni se proponen forma alguna de proselitismo, su trabajo tiene otras varias semejanzas con los de aquellos antiguos humanistas. Las más obvias ya se han mencionado: elaborar gramáticas y diccionarios, así como recoger textos de la tradición nativa. Otras, también muy importantes, son: realizar estudios estrictamente profesionales sobre determinadas aspectos de las varias lenguas; hacer otras contribuciones como, por ejemplo, de lingüística comparada y de clasificaciones; difundir el conocimiento del alfabeto adoptado para representar los sonidos propios de las lenguas estudiadas; organizar talleres de composición para fomentar las producciones literarias de miembros de las distintas comunidades.


Y no deben soslayarse, como tareas, que de nuevo religan la empresa del XVI y ésta del XX, lo realizado a solicitud de instituciones mexicanas, dirigido a proporcionar diversos manuales y otros materiales de lectura en idioma indígena. Entre tales textos —nunca lo ha ocultado el Instituto Lingüístico— está el clásico por excelencia del Cristianismo, es decir el Nuevo Testamento. Esto último que los frailes también intentaron, lo han hecho estos lingüistas, sobre la base de traducciones al español aprobadas por la Iglesia Católica. En no pocos casos miembros de la misma han empleado y difundido las versiones debidas a los del Instituto Lingüístico. Por mi parte pienso que, aun más allá de cualquier credo religioso, la difusión del libro clásico del Cristianismo, si se quiere como la de otros clásicos, es una contribución muy valiosa. ...


Esta que he designado como magna aportación lingüística en Mesoamérica y más allá de ella, no necesita ponderaciones. Su valor será evidente a quienes quieran conocerlo. Por ello, a modo de conclusión, subrayaré que, actualmente, en todo el mundo, no hay otra organización en la que participe tan gran número de lingüistas profesionales, abarcando el estudio de tantas lenguas y produciendo obras de la calidad que los especialistas reconocen. El Instituto Lingüístico de Verano, organización que ha logrado esto en sus cincuenta años de existencia, tuvo su origen en México. Sus primeros trabajos contaron con el apoyo decidido del presidente Lázaro Cárdenas y, con el paso del tiempo, también de Adolfo López Mateos, Gustavo Días Ordaz, Luis Echeverría Álvarez y José López Portillo. Todos ellos han sido asimismo presidentes honorarios del Instituto.