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Francisco Arellano Belloc
Palabras de discurso pronunciado por Francisco Arellano Belloc en la ceremonia conmemorativa del vigésimo quinto aniversario del Instituto Lingüístico de Verano, 24 de enero de 1961.

Por último, no sólo los más distinguidos estadistas e intelectuales de Nuestra América coinciden en el pensamiento y en la disciplina con que debe ser considerado y resuelto el problema del indio; existen muchos otro adherentes—valdría mejor decir militantes en las tareas indigenistas, que no son únicamente las instituciones oficiales que los gobiernos de América incluyen en sus programas administrativos, se trata de otras organizaciones de carácter privado como el Instituto Lingüístico de Verano, que en este aniversario cumple un cuarto de siglo, de servir con generosidad y desinterés a las poblaciones indígenas del continente; aún a aquellas selvícolas, consideradas al margen de la civilización.


Haciendo a un lado los procedimientos que los conquistadores utilizaron: la crueldad y la dominación; han llegado con amor y desinterés al corazón de las selvas, y han conmovido y convencido a quienes habían estado durante más de cuatro siglos alejados de las poblaciones blancas, criollas o mestizas que conviven en otras regiones de su propio territorio.


Estas tareas son, indudablemente, de carácter misional. Y la ocasión nos sirve para dejar abrasado testimonio de reconocimiento a un hombre que con su ejemplo, su bondad y su talento organizó la Institución [ILV] y la animó a conquistar no sólo los más perfectos sistemas técnicos de aprendizaje de las lenguas indígenas, sino, lo que vale más que eso, el corazón de todos los que le hemos conocido y tratado: blancos, indios o mestizos.


Ese combatiente, dice—con penetrante agudeza—Raúl Noriega, es uno de esos místicos, "en el que se conjugan dos tendencias: una que busca la salvación de las almas" y "otra que aplica cuanto de positivo tiene la civilización para que no sólo las almas, sino también los cuerpos, se salven de los infiernos que forman el dolor, la enfermedad, la miseria, el despojo y la muerte prematura."


El hombre se llama: Guillermo Townsend.