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Gonzalo Aguirre Beltrán:
Breve historia del Instituto Lingüístico de Verano
Extractado de Gonzalo Aguirre Beltrán,
"Instituto Lingüístico de Verano", América Indígena, Vol. XLI, No. 3, julio-septiembre, 1981

La vida productiva del ILV es ejemplar si la medimos con base en las aportaciones científicas que, en el lapso breve de cuarenta años, hace al conocimiento de las lenguas originalmente americanas; de la fonología, de la estructura gramatical, de la semántica y de la práctica de la enseñanza. Guillermo Townsend, el fundador de la institución, realiza sus primeros pininos entre los cakchiqueles del lago Atitlán. Traduce la Biblia a la lengua indígena, funda escuelas e inventa el método psicofonémico que le da nombradía para enseñar a leer a los indígenas monolingües.


Moisés Sáenz, el educador mexicano que en la teoría y en el desempeño mantiene vigente la mística de la escuela rural y su intolerante doctrina, viaja a Guatemala por 1931 empecinado en descubrir la identidad del indio americano en sus distintas versiones. En Panajachel topa con Townsend. Observa con profunda admiración y al punto se convence de la bondad del método que el lingüista emplea para la alfabetización de la población local. Los resultados de la enseñanza en lengua materna no pueden ser más asertivos. Sáenz y Rafael Ramírez son los padres reconocidos de la escuela rural emanada de la Revolución y los pilares en que se funda la teoría de la incorporación del indio a la civilización, tesis asimilista que propala la enseñanza del castellano por el método directo y la substitución de la cultura nativa por la nacional moderna. Ante la evidencia que pone frente a sus ojos el trabajo del misionero lingüista, Sáenz da un viraje que lo convierte, sorpresivamente, en el más portentoso prosélito del uso de la lengua indígena como instrumento de enseñanza, e invita a don Guillermo a trabajar en México. Acepta éste, y por 1934, se establece entre los nahuas de Morelos.


Otro accidente histórico favorece su esfuerzo y le asegura venturosas consecuencias. En una de las frecuentes giras que el presidente Lázaro Cárdenas realiza por las áreas rurales de la República, pasa por Tetelcingo, lugar elegido por Townsend para iniciar la ímproba tarea de aprendizaje y enseñanza en lengua vernácula. Cárdenas sorprende al lingüista norteamericano, dedicado a instruir en las primeras letras a los niños y adultos monolingües de la localidad; queda gratamente impresionado y ofrece a Townsend apoyo para extender la empresa a otros grupos étnicos. Townsend y Cárdenas fincan, a partir de entonces, una amistad que lleva al primero a declararse por la expropiación petrolera, cuando ésta se produce en 1938, y con tal motivo, realiza un periplo por las antesalas de los altos funcionarios y representantes populares, por las universidades y centros de cultura del vecino país del norte, en el curso del cual disputa, polemiza y dicta conferencias que ilustran los antecedentes y razones que mueven a México a reclamar como suyas las fuentes de energía detentadas por los carteles internacionales. El cerco impuesto por el monopolio de los medios masivos de comunicación, impide al gobierno mexicano informar a la opinión pública mundial, sobre la justicia del acto insólito que ejecuta en uso pleno de su soberanía, pero que sacude la estructura de poder establecida. Cárdenas no olvida el gesto de valentía y solidaridad que pone en juego el prestigio del misionero lingüista y la suerte de su empresa en días aciagos para México.


Cárdenas en Tetelcingo
Cárdenas en Tetelcingo
Cárdenas y Townsend
Cárdenas y Townsend

Respaldado por el aliento presidencial, Townsend funda el Summer Institute of Linguistics como estación de reclutamiento y formación de misioneros lingüistas y en el correr de los años establece a los egresados—por lo común, por parejas matrimoniales—en un centenar de grupos étnicos. Ahí conviven con los habitantes del lugar por períodos siempre prolongados, que en algunos casos significa la radicación permanente en poblados sin servicios, pobres y de geografía hostil. Los lingüistas aprenden la lengua indígena a la perfección, analizan su estructura, recogen el léxico, la fonética, los significados y le dan al habla una expresión gráfica en signos del alfabeto latino. Además, compilan una impresionante bibliografia compuesta en lo básico por estudios lingüísticos de la más alta calidad académica, que incluye a la totalidad de las lenguas originalmente americanas vigentes en el país. A ellos agregan la producción todavía en marcha, de manuales para el aprendizaje, cartillas para la enseñanza, diccionarios y literatura en lengua vernácula, que comprende lo mismo el folleto que divulga una práctica agrícola o sanitaria cuanto el libro voluminoso con la versión del Nuevo Testamento. Nunca en México, ni en la Colonia ni en la Independencia, institución religiosa o laica, criolla o forastera, puede vanagloriarse de una contribución mayor para el conocimiento de nuestra realidad lingüística y para su transformación.