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Jaime Torres Bodet

Palabras del Señor Jaime Torres Bodet, Secretario de Educación Pública, en la celebración del XXV Aniversario del Instituto Lingüístico de Verano, México, D.F., 24 de enero de 1961

TorresBodet

Señor Presidente del Patronato, excelentísimos señores embajadores, miembros del honorable cuerpo diplomático, señoras, señoritas, señores.


La celebración del XXV aniversario de la fecha en que inauguró sus actividades el Instituto Lingüístico de Verano es, para nosotros, motivo de sincera satisfacción. En efecto, los servicios que el Instituto ha prestado a México atestiguan un espíritu generoso, atento a velar por la salvaguardia de aspectos muy significativos de nuestra tradición y de nuestro folklore.


A partir de su creación, el Instituto organizó cursos intensivos de verano para jóvenes lingüísticos deseosos de perfeccionar las prácticas de su estudio mediante el examen de los idiomas y dialectos indígenas. Su tarea fue posteriormente ampliada hacia la enseñanza del castellano a grupos indígenas monolingües. Semejante labor hubo de completarse con la preparación de diccionarios, vocabularios y cartillas, así como con la traducción de textos, del castellano a idiomas y dialectos indígenas. La realización de este program a suscitó interesantes estudios de antropología social y ofreció oportunidad para que determinados miembros del Instituto se esforzaran por conservar en forma escrita cuentos y leyendas indígenas de misterioso y sutil encanto.


Bajo los auspicios del Instituto, investigadores de encomiable perserverancia han podido analizar la morfología de varias lenguas. Gracias a sus trabajos, han sido editados libros de texto para cursos de lingüística y materiales de enseñanza para uso de los indígenas. Toda esa labor científica, que suscita nuestro cordial aprecio, se ha visto robustecida con la preparación de vocabularios entre los que mencionaré, por recientes, los consagrados al tarahumara, al cora y al zapoteco.


Pero, con ser tan considerable el conjunto de actividades que tengo que limitarme aquí a resumir, el Instituto no se ha reducido al campo de esas tareas. Su obra ha enriquecido el acervo de la lingüística universal, mediante la publicación de diccionarios, algunos de los cuales han sido reeditados ya varias veces. A este respecto, me permitiréis que señale la presencia entre nosotros del señor Doctor Kenneth L. Pike, Presidente de la Sociedad Americana de Lingüística para 1961 y que dirija un saludo de la más cordial estimación a los Señores Miembros del Honorable Cuerpo Diplomático y a los eminentes intelectuales que representan, alrededor de esta mesa, a varias naciones. Su presencia comprueba, de manera muy expresiva, la consideración que conceden a las actividades del Instituto...


Muchas instituciones y distinguidos compatriotas nuestros han reconocido el mérito de la obra emprendida por el Instituto. Diversas Secretarías han demostrado interés activo para esa obra, y así también lo ha hecho la Universidad Nacional Autónoma de México. Quiero señalar ahora particularmente por su significado técnico y social, la cooperación de los lingüistas del Instituto de Verano con el Instituto Nacional Indigenista que dirige el Sr. Doctor Alfonso Caso, tanto en la preparación de alfabetos y de cartillas como en la investigación que dio lugar a la hermosa edición de los Cuentos Mixes, recogidos por el señor W. S. Miller. Por lo que atañe al Instituto Indigenista Interamericano, del que nuestro país forma parte, recordaré la simpatía siempre manifestada para la obra que hoy nos reúne por un mexicano ilustre, Don Manuel Gamio, convencido de la importancia de investigar con criterio antropológico, los antecedentes, precoloniales y coloniales y las características contemporáneas de las familias indígenas, a fin de llegar a conocerlas en su tipo físico, en su civilización y en su idioma.


Toda referencia al esfuerzo llevado a cabo por el Instituto Lingüístico de Verano resultaría incompleta si no incluyese una mención especial de su fundador: el señor Profesor Guillermo Cameron Townsend. El homenaje del que se le hace justamente objeto es sin duda, para él, un noble estímulo intelectual. Al saludarlo en estos momentos, le deseo todo género de felicidades y hago votos, señoras y señores, porque la labor desarrollada por el Instituto en servicio de la ciencia, contribuya al mejor equilibrio cultural y social de todos los países que, a semejanza del nuestro, ven con legítimo orgullo su herencia indígena y saben que su progreso, como naciones, debe ser el progreso no de una minoría privilegiada, sino de todos sus habitantes, repito, de todos sus habitantes, sin discriminaciones incompatibles con el ejercicio de una voluntad democrática, justa y esclarecida.