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Guillermo C. Townsend
l896–l982

Impulsor de la investigación lingüística entre los grupos minoritarios y defensor de su dignidad cultural

Recopilado por Carlos Hibbard


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Extendiendo la obra del ILV hasta el Perú

En 1944 la labor del ILV en México avanzaba bien con personal capacitado, pero en el otoño de ese año se requirió la presencia de Townsend en California por la enfermedad de su esposa y su muerte subsiguiente. Afligido, pero no incapacitado, regresó a México y comenzó a trazar planes para responder a una invitación del gobierno peruano a empezar el trabajo del ILV en ese país. En 1946 se casó con Elaine Mielke, una ex supervisora de educación especial en Chicago, y pocas semanas después los dos guiaron a un grupo de veinte jóvenes lingüistas y personal de apoyo del ILV a iniciar el trabajo en la selva oriental del Perú, donde cuarenta grupos indígenas se encontraban desparramados en 736,445 kilómetros cuadrados de selva. La mayoría de los pequeños pueblos era accesible sólo por río. Estas personas hablaban idiomas que nunca habían sido analizados ni contaban con una forma escrita.

En su viaje de reconocimiento de la amazonia peruana en 1945, Townsend llegó a algunos lugares remotos donde vivian grupos lingüísticos aislados. En su viaje de reconocimiento de la amazonia peruana en 1945, Townsend llegó a algunos lugares remotos donde vivian grupos lingüísticos aislados.

Después de un viaje de reconocimiento por vía aérea y fluvial de la topografía de la zona que duró seis semanas, Townsend y sus colegas empezaron a resolver los enormes problemas logísticos que esta vasta zona inhóspita planteaba. En primer lugar, se tenía que abrir a fuerzas en plena selva un lugar para edificar un centro de abastecimiento que también serviría como centro de estudios etnolingüísticos. Se establecieron a orillas de una laguna llamada Yarinacocha. Al principio parecía que los problemas eran insuperables, pero empezó a llegar ayuda de parte de amigos en los Estados Unidos, México y Europa. Para solucionar los problemas de transporte, grupos cívicos y amigos donaron pequeños hidroaviones para que los lingüistas pudieran volar a comunidades remotas. El más notable fue el obsequio de un hidroavión bimotor Catalina, el “Moisés Sáenz”, obsequio de los amigos mexicanos al gobierno peruano para la labor del ILV. Durante veinte años este avión anfibio, honrando la memoria del educador mexicano que invitó a Townsend a su país, voló miles de kilómetros en la región amazónica del Perú.

Maestro bilingüe amuesha, don Valerio Pishagua, dando clases en su comunidad, manifiesta gusto en ayudar a sus estudiantes a leer en su propio idioma.  Ellos, por su parte, demuestran entusiasmo por aprender.  Miles de niños y adultos amuesha leen, gracias al programa visionario de educación bilingüe del Perú a favor de todos los grupos minoritarios. Maestro bilingüe amuesha, don Valerio Pishagua, dando clases en su comunidad, manifiesta gusto en ayudar a sus estudiantes a leer en su propio idioma. Ellos, por su parte, demuestran entusiasmo por aprender. Miles de niños y adultos amuesha leen, gracias al programa visionario de educación bilingüe del Perú a favor de todos los grupos minoritarios.

Con la publicación de los resultados de los estudios lingüísticos del personal del ILV, el gobierno peruano, por sugerencia de Townsend, estableció un centro de capacitación en Yarinacocha para preparar a gente indígena talentosa. Los nuevos maestros enseñarían los conceptos básicos sobre la educación en sus respectivas lenguas nativas y, progresivamente, en castellano. Se utilizaron avionetas de un solo motor junto con el “Moisés Saénz” para llevar a los futuros maestros a Yarinacocha desde los ríos aislados de la selva. Este programa continúa hasta la fecha con un director peruano y educadores peruanos que enseñan en castellano. Para los nuevos maestros, los lingüistas del ILV han constituido un puente a los idiomas vernáculos, ya que complementaban la instrucción, traduciendo las partes difíciles de las clases en castellano y algunas porciones de los textos a esas lenguas, para asegurar su comprensión. Una vez que los estudiantes quedan adecuadamente capacitados, el gobierno, a través de su nuevo sistema de educación bilingüe, creado especialmente para este fin, los nombra oficialmente como maestros de escuelas en sus respectivos pueblos, con sueldos de maestros rurales.

Guillermo Townsend, a la sombra del ala de una avioneta donada, conversa con el pueblo tzeltal del sur de México (1963). (Foto de Cornell Capa) Guillermo Townsend, a la sombra del ala de una avioneta donada, conversa con el pueblo tzeltal del sur de México (1963). (Foto de Cornell Capa)

Otro sueño de Townsend era promover la buena voluntad a nivel internacional. Las donaciones de aviones fueron una manera efectiva de realizarlo. Usando su don de aliento persistente, Townsend persuadió a varios ciudadanos prominentes y a funcionarios de varias ciudades en los Estados Unidos a donar avionetas especiales de alto rendimiento y de corto despegue y aterrizaje (STOL) a varios países donde el ILV laboraba. Cada avión fue entregado al embajador del país receptor por el alcalde de la ciudad donante. Estas ceremonias fueron ocasiones para fortalecer los lazos de amistad y divulgar las metas en común.

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